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Toro, tinta del Duero
Di Belén Jiménez - Versione integrale dell'articolo su Bar Business Espaņa 26 (2 2009)

Calidad. El canal Horeca es estratégico para la comercialización de los vinos con D.O. Toro
Los viñedos de Toro se remontan a tiempos romanos y fue en el medievo cuando los monjes horadaron el subsuelo con salas y bodegas abiertas. Al vino toresano le precede una larga tradición, el Arciprestre de Hita (s. XIV) aludió a éste en el Libro del Buen Amor: “Donde hay vino de Toro no beben badalí”. A comienzos del XX Europa se vio amenazada por la Filoxera, plaga a la que se resistieron y sobrevivieron los viñedos toresanos. Tinta de Toro, Tinto fino, como se conoce más allá del Duero, o Tempranillo son los distintos términos que refieren el mismo vino, nacido en pedregosos suelos, sueltos y de buen drenaje, de aireación fácil y pobres en materia orgánica, a los que acompaña un extremo y seco clima.
Nada y todo tienen que ver los vinos de Toro actuales con los de hace 20 años: Su esencia genuina se mantiene, pues se elaboran con los mismos frutos de antaño, pero si entonces eran recios y de elevada acidez ahora son intensos de color, muy cubiertos y aromáticos, potentes y elegantes. En la evolución ha contribuido positivamente la presencia de forasteros en tierras castellanas: “Recuperar viñedos viejos y elaborar con criterios modernos” fue la indicación apuntada por el riojano enólogo, Marcos Eguren, a jóvenes enólogos de Toro. Su bodega, Numanthia Termes (fundada en Toro en 1998), marcó un hito para la tierra, ya que su vino Numanthia (elegido mejor tinto del año en madridfusión, 2004) y Termanthia (recibió 100 puntos en la guía de Robert Parker, 2007) sirvieron de precedente a la producción de calidad que seguiría, además de augurar un buen futuro.
