La resistencia de un clásico

El mercado de las bebidas espirituosas baja, el mercado del whisky también. La crisis hace estragos pero el whisky americano se resiste a caer. El futuro de las marcas Premium le depara un mayor desarrollo para afianzar la escalada

también el whisky americano, aunque lo más correcto sería referirse a él como “whiskey” si se elabora en Irlanda o en Estados Unidos (no así en Canadá), país en donde solo una destilería elimina la vocal, concretamente Maker’s Mark.

Definición y diferencias

Todos los whiskys son espirituosos destilados a no más de 190° C a partir de un mosto fermentado de cereales, envejecidos en barriles de roble y embotellados a no menos de 80° C. Todos los whiskys descienden de aquel que los celtas de Irlanda crearon como arte artesanal y que luego fue extendido a tierras escocesas cuando estas fueron colonizadas y expandido cuando Gran Bretaña colonizó el Nuevo Mundo. Una vez instalados, los colonos británicos adaptaron los métodos de producción a sus recién encontrados recursos y así, en lugar de cebada, aprovecharon el centeno que crecía en el litoral del este de Norteamérica, logrando así un whisky más picante.
Cuando se trasladaron al oeste hacía Kentucky y Tennessee se dieron cuenta de que la cosecha de grano más frecuente era la del maíz y que la tierra era rica en bosques de roble blanco y agua de piedra caliza. Mucho más tarde de haberse destilado el primer whisky americano, obra del capitán británico James Thorpe en Virginia en el año 1622, y algunos años después del establecimiento de la primera destilería en Pensilvania, en 1744, el nuevo hacer de esos colonos de Kentucky, que no eran sino destiladores-granjeros escoceses e irlandeses, por fin se convirtió en el comúnmente conocido “bourbon whiskey”. Corría el año 1821. En cuanto al whisky de Tennessee, su primera destilería se estableció en 1771, mientras su proceso de filtrado a través de carbón vegetal, único en el mundo, se introdujo en 1826.